¿Recuerdan esos tiempos en que convertíamos las cosas más simples en los juguetes más elaborados? Épocas en que nuestros juguetes más preciados no aparecían en ningún anuncio de TV, ni en ningún aviso en la calle. Tiempos en que una cosa muy sencilla se podía convertir en tantas como nuestra imaginación lo permitiera.
Pero… la vida pasa, “crecemos” y tomamos las cosas con cada vez más literalidad, perdierdo la belleza de la imaginación.
Volvamos, por un ratito aunque sea, a esa época. Volvamos a aprender a dar más de un significado a las cosas. Aunque sea para jugar.