[Especial Día del Maestro] La Maestra – Héctor Gagliardi


Tan buena como mi vieja
y como ella nerviosa,
de las que agrandan las cosas
y que por nada se quejan.
Tenía entre ceja y ceja
esa cuestión del aseo
y en lo mejor del recreo
revisaba las orejas.

Decía que un pajarito
al oído le nombraba
los niños que conversaban
cuando salía un ratito.
Y si un grandote de quinto
armaba la tremolina,
parecía una gallina
cuando tiene los pollitos.

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[Especial Día del Padre] Mi padre y yo lo plantamos un día…

Es obvio que con el título que elegí para este post quiero recordar especialmente a mi viejo. Y no hay que ser muy inteligente para ver que este post está relacionado con árboles. No podía no elegir a Alberto Cortez para musicalizar esto, ¿verdad?

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Trauma patriótico

En una fecha tan llena de consideraciones historiológicas y apreciaciones socioculturales, cada uno tiene sus imágenes, sus recuerdos, sus momentos vividos alrededor del 25 de Mayo. El chocolate caliente, los churros, las empanas y los pastelitos forman parte del recuerdo popular que pasa de generación en generación. No podemos dejar de mencionar a las damas antiguas con sus vestidos y a los caballeros con sus trajes, a los vendedores con sus pregones, a la perpetua polémica acerca de si en esa fecha llovió o no y si existían los paraguas.

Y es en esta fecha, reitero, que yo tengo mi propio recuerdo…

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No es una caja

¿Recuerdan esos tiempos en que convertíamos las cosas más simples en los juguetes más elaborados? Épocas en que nuestros juguetes más preciados no aparecían en ningún anuncio de TV, ni en ningún aviso en la calle. Tiempos en que una cosa muy sencilla se podía convertir en tantas como nuestra imaginación lo permitiera.

Pero… la vida pasa, “crecemos” y tomamos las cosas con cada vez más literalidad, perdierdo la belleza de la imaginación.

Volvamos, por un ratito aunque sea, a esa época. Volvamos a aprender a dar más de un significado a las cosas. Aunque sea para jugar.

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El sonido de los recuerdos

Creo que se emitía todos los martes a las veintidós, por el viejo Canal 9. El ciclo se llamaba La Película de la Semana, y proyectaban filmes para la gente grande en épocas en que ni la televisión por cable ni el ve hache ese eran popularmente masivos como son ahora directiví y el devedé, por ejemplo. Y señalo esto (lo de gente grande, digo) porque recuerdo que en aquellos tiempos se respetaba solemnemente eso de irse a dormir a la medianoche. Tiempos en que la expresión horario de protección al menor significaba algo no solo para los responsables de los canales, sino también para los responsables de los chicos que estaban frente a la TV.
Pero había una excepción tan explícita que no hacía faltaba pedirle permiso a mis papás para permitirnos ver la tele hasta tan tarde. Y eso sucedía cuando pasaban La Novicia Rebelde.

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Cosas de chicos

Los chicos cuando nacen lo hacen sabiendo todo. Conocen las respuestas a todas las preguntas. Son testigos de todos los acontecimientos pasados, los momentos que suceden, los sucesos que están por venir. Todo.
Luego, a medida que crecen, todos creen que ese conocimiento sin fín se pierde para siempre. Pero no. Todo eso que los chicos traen cuando vienen al mundo queda en estado latente hasta que algo, o alguien lo despierta de maneras que no tienen explicación. Y ese algo puede ocurrir en cualquier momento de la vida.

Como en mis días en que era chico. Como hoy, que soy chico.

Ingredientes para Llegar al Cielo

La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo; lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infanca y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.

Fragmento, de Rayuela, por Julio Cortázar.