Los sonidos del silencio

Vieja amiga oscuridad
otra vez quisiera hablar
porque he tenido nuevamente,
una visión que suavemente
iba cambiando mi manera de pensar;
la oigo hablar, la escucho en el silencio.

En sueños caminaba yo
entre la niebla y la ciudad
por calles frías, desoladas
cuando una luz blanca y helada
hirió mis ojos y tambien hirió la oscuidad
la vi brillar, la veo en el silencio.

En la desnuda luz miré
vi mil personas, tal vez más.
Gente que hablaba sin poder hablar,
gente que oía sin poder oir
y un sonido que los envolvía sin piedad.
Lo puedo oir, sonidos del silencio.

Entonces yo les quise hablar,
entonces los quise ayudar.
Quise sentirlos como hermanos.
quise tomarlos de las manos
pero no podian, no podían despertar
y entender de un dia en el silencio.

Se arrodillaban a rezar.
aquella luz era su dios
yo les grité que despertaran,
que la verdad ahí no estaba
que los profetas no, no son luces de neón
y que Dios siempre habla en el silencio.

El Seminarista de los Ojos Negros – Miguel Ramos Carrión

Desde la ventana de un casucho viejo
abierta en verano, cerrada en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubio cabello
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientas la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello,
y que por la espalda casi roza el suelo.

Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto.
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, solo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y siempre que pasa le deja el recuerdo
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.

Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo
una salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos,
su seminarista de los ojos negros;
cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
marciales arreos.

Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirla: —¡Te quiero!, ¡te quiero!,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.

En una lluviosa mañana de inverno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.

Un seminarista sin duda era el muerto;
pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro,
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos
los seminaristas iban en silencio
siempre en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.

La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos…
tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos…
el seminarista de los ojos negros.

Corriendo los años, pasó mucho tiempo…
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.

La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.

Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros…

No estás deprimido

Iba a postear este texto que encontré por ahí, sin ningún otro comentario. Pero ahora que lo leo una y otra vez no puedo dejar de pensar en quien necesite un motivo, sólo un motivo, para seguir adelante. Se lo dedico a ellos (y a mí también, por qué no).

No estás deprimido, estás distraído, distraído de la vida que puebla.

Distraído de la vida que te rodea: delfines, bosques, mares, montañas, ríos. No caigas en lo que cayó tu hermano, que sufre por un ser humano cuando en el mundo hay 5.600 millones. Además no es tan malo vivir solo.

Yo la paso bien, decidiendo a cada instante lo que quiero hacer, y gracias a la soledad me conozco, algo fundamental para vivir.

No caigas en lo que cayó tu padre, que se siente viejo porque tiene 70 años, olvidando que Moisés dirigía el éxodo a los 80 y Rubinstein interpretaba como nadie Chopin a los 90. Solo por citar dos casos conocidos.
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Autoayuda

En una época la gente era muy solidaria. Todo el mundo se ayudaba, se daba una mano en lo que cada uno podía precisar. Después, poco a poco, las cosas empezaron a cambiar, la gente dejó de contar con la ayuda de los demás y le empezó a pedir las cosas a Dios. Y Dios al principio les daba todo lo que le pedían, pero después se borró. La gente rezaba, rezaba y no pasaba nada.
Entonces ahora como la gente ya no puede contar con la demás gente ni con Dios se inventó el camino de la autoayuda. Hoy en día es la única manera de mantenerse a flote. Nadie puede esperar nada de los demás, los demás siempre te van a hundir. Por eso hay que practicar la autoayuda.

Pero paradójicamente la autoayuda no es algo que se pueda aprender solo, ¿verdad? Hay libros por ahí que le dicen lo que tienen que hacer. Pero no les hagan caso porque son libros de autoayuda, sí, pero de autoayuda para el autor nada más. Son para que él gane guita. Las técnicas que proponen esos libros son falsas, son para que el lector se perjudique y es lógico porque cuando uno jode a los demás siempre puede mejorar un poquito aunque sea por la posición en que queda con respecto a ellos.
Así que, bueno, yo tengo acá otro métodp de autoayuda que me gustaría poner a consideración de ustedes. El asunto es así, yo digo frases y ustedes las tienen que repetir. Capaz que alguna les cuesta un poco repetirla porque no está muy de acuerdo con lo que dice pero yo les pido que no se fijen en eso por ahora, ¿no? El ejercicio consiste en dejarse llevar, después para practicar hay tiempo.

Así que, bueno, vamos a probar a ver qué pasa con la primera frase que es así, escuchen. Seguí leyendo

Cruel

Yo entiendo que una persona crea, pero que no cierre los ojos. La fe pertenece a otro dominio de la mente en el que no me meto. Yo uso mi razón, mi lógica. Y la historia de la humanidad es, en el fondo, la historia de la muerte. El problema es que nosotros hemos inventado a un dios a nuestra imagen y semejanza, no al revés, y por eso es tan cruel, porque nosotros somos crueles y no sabemos inventarnos algo mejor. Yo no escribo para agradar, tampoco para desagradar; yo escribo para desasosegar.

Del Premio Nobel José Saramago, al presentar ayer en Madrid su novela Caín.

Lo que hacen las cirugías

Una mujer de 45 años sufre un cuadro coronario agudo y es sometida a una cirugía de revascularización de urgencia. Mientras está en la mesa de operaciones tiene una experiencia cercana a la muerte en la cual ve a Dios y le pregunta si en verdad va a morir. Dios le dice que no, que va a vivir 30 o 40 años más. La mujer se recupera y decide aprovechar.

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