En una época la gente era muy solidaria. Todo el mundo se ayudaba, se daba una mano en lo que cada uno podía precisar. Después, poco a poco, las cosas empezaron a cambiar, la gente dejó de contar con la ayuda de los demás y le empezó a pedir las cosas a Dios. Y Dios al principio les daba todo lo que le pedían, pero después se borró. La gente rezaba, rezaba y no pasaba nada.
Entonces ahora como la gente ya no puede contar con la demás gente ni con Dios se inventó el camino de la autoayuda. Hoy en día es la única manera de mantenerse a flote. Nadie puede esperar nada de los demás, los demás siempre te van a hundir. Por eso hay que practicar la autoayuda.
Pero paradójicamente la autoayuda no es algo que se pueda aprender solo, ¿verdad? Hay libros por ahí que le dicen lo que tienen que hacer. Pero no les hagan caso porque son libros de autoayuda, sí, pero de autoayuda para el autor nada más. Son para que él gane guita. Las técnicas que proponen esos libros son falsas, son para que el lector se perjudique y es lógico porque cuando uno jode a los demás siempre puede mejorar un poquito aunque sea por la posición en que queda con respecto a ellos.
Así que, bueno, yo tengo acá otro métodp de autoayuda que me gustaría poner a consideración de ustedes. El asunto es así, yo digo frases y ustedes las tienen que repetir. Capaz que alguna les cuesta un poco repetirla porque no está muy de acuerdo con lo que dice pero yo les pido que no se fijen en eso por ahora, ¿no? El ejercicio consiste en dejarse llevar, después para practicar hay tiempo.
Así que, bueno, vamos a probar a ver qué pasa con la primera frase que es así, escuchen. Seguí leyendo →