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Encuentro en la Feria del Libro
Alejandro Dolina es uno de los artistas que más admiro. En pocas palabras tiene un conocimiento histórico abundante y su forma de transmitirla es tan cercana, tan de barrio y con tanto humor, que para mí es un placer escucharlo por las noches en su programa La Venganza Será Terrible.
Pero el Negro no sólo demuestra esas cualidades cuando está frente a un micrófono. Dolina ha sabido, y sabe, plasmar ese bagaje intelectual y ese lenguaje barrial a través de la pluma, componiendo obras tales Crónicas del Ángel Gris, Lo que Me Costó el Amor de Laura, entre otras.
La Feria del Libro fue la ocasión para que Alejandro Dolina presentara su primera novela, Cartas Marcadas. Así que fuimos hacia allá mi mujer y yo, en la tarde de un sábado con tiempo desmejorado primero, lluvioso después.
La idea era en principio sencilla: ir a la charla de presentación (que sería a las siete de la tarde en la sala José Hernández) y luego hacer la consabida fila en el stand de la editorial para que el Negro firmara el libro. Pero lamentablemente entre un punto y otro la distancia era muy grande, y si hubiéramos cumplido con el plan habríamos tenido mucha espera en la fila para firmar. Resultado: hicimos la fila directamente (¡más de una hora y media!) en el stand.
Semejante espera, y dolor en los pies, tuvo su resultado. Luego de un aplauso intenso, apareció Dolina a cumplir con el rito de la Feria. Las primeras ocho o nueve personas que estaban delante mío pasaron rápido por el trámite de firmas y fotografías. Y luego fue mi turno, con mi ejemplar de Cartas Marcadas a saludar y pronunciar mis palabras de admiración ante su autor. Para mi sorpresa, Dolina comenzó una mini conversación conmigo relativa a la distancia entre la sala y la feria, la aparente poca presencia que había en su stand (aunque luego varios de los asistentes aclararon que la fila seguía más allá de su visión) y la comparación con la presentación de Eduardo Galeano unos días atrás.
Todo esto duró alrededor de cinco minutos: una eternidad comparado con el momento que dedicó a quienes habían pasado antes de mí. Eso permitió que Lourdes me tomara un montón de fotos acompañado con Dolina, fotos que reflejaban la emoción (de verdad, luego de eso me temblaron las piernas) de haber conocido en persona, tener una foto, y una dedicatoria de uno de los artistas que más admiro.
El medio de las brasas
Una de esas pequeñas cosas pero que te hacen sentir un orgullo de puta madre. Un fuego digno de destrucción del anillo de Sauron, pero en esta ocasión sirvió para cocinar unas pizzas a la parrilla que quedaron buenísimas (eso indican los testimonios verbales recogidos).
Sobre llovido mojado
Espero que no se trate de una maldición por negociar con los organismos financieros internacionales, tampoco deseo que sea un castigo por hacer oído sordo a los reclamos populares.
Pero no puedo evitar pensar en hechizos y conjuros cuando leo esta nota en La Nación: Pánico en Grecia tras difunfirse que prostitutas tenía SIDA.



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